Soñé.
Que tenía ante mí aquéllo que siempre había ansiado, pero incapaz de tocar sin hacer daño a los demás. Mi felicidad, a tan solo un palmo de distancia, se veía más lejana que cualquier montaña nevada o galaxia conocida. Era como si.. sólo desearla produjera asfixia y malestar a cuantos tenía a mi alrededor. Soñaba, que nunca podría ser feliz mientras mis seres queridos no lo fueran. Que si ellos no lograban alcazar su propia felicidad, la mía misma me estaba vedada. Puede incluso sonar egoísta por su parte, porque, ¿quien no quiere la felicidad de un hijo, un padre, un amigo..? Pero no se trataba de egoísmo, sino de propia incapacidad. Mi corazón no me permitía dar ningún paso hacia mi eterna utopía, porque ello conllevaría la destrucción de todo lo que amaba.