miércoles, 25 de junio de 2014

Música.

Me ayudabas cuando todo se volvía negro, 
cuando el sol se escondía y la luna volvía de nuevo.
Me decías bajito 'levanta', 
te susurraba al oído 'no puedo'.
Me mirabas, irreal, y cantabas, 
mientras yo me quedaba en el suelo.
No dejabas que yo decayera, 
y aún así yo seguía 'no puedo'.
Me mirabas, tus ojos escarcha, 
te mentía y decía 'si quiero.'
Si quiero salvarme, si quiero salir, 
seguir adelante aunque cueste vivir.
Si quiero quedarme, quiero sonreír.
Quiero ser la musa de todos tus 'bis'.
Y aunque no me creías, querías hacerlo, 
y me sostenías, besabas mi cuello.
Anclada a mi alma, enganchada a mi cuerpo, 
yo toda la vida tenía, para ser de nuevo
la chica sencilla, música viva, 
de sangre caliente y ojos sinceros.
Y tú me creías, y me sostenías, 
me dabas la vida con tu melodía.
Creías en mi, decías que si a mis ganas
de ser todo lo que quería, 
me dabas las alas, me hacías volar, 
me liberabas de toda malicia.
Así acabó, mi musa eras tú, 
la música salvó lo que más quería.

lunes, 23 de junio de 2014

Es ilógico, porque te amaba.

Y debía ser así, pues, ¿desde cuando el amor tenía algún tipo de lógica? 
Y sin embargo, fallábamos. 
Eras tú, siendo tan únicamente tú, sin espacio para mi, para lo que habíamos buscado construir juntos. 
No te hacías a la idea de cuanto llegaba a doler. Tu rechazo, mi caída. Tu huida ante cualquier signo de amor, mi forma de resignarme. El rendirme, después de todos tus besos, de mis ganas locas por dártelo todo, de tus ojos brillantes y mis sonrisas sinceras. 
De la ilusión por ser nosotros, simplemente.
Recordar todo eso es lo que aún me hace agonizar.
Pero tampoco pretendo olvidar, porque sé que no puedo, que es completamente imposible.
Sólo pido silencio.
Sólo eso.

La dejé ir.

Fui estúpido. Insensato. Infeliz.
Y por más que la busco en cualquier lugar que me recuerde su nombre, sólo hallo vacíos. No hay nada. Ya no está.

Dime, ¿por qué lo hice? ¿Por qué la dejé ir?
La observé en silencio cuando se marchaba, las lágrimas de cristal desfigurando sus mejillas y haciéndome sangrar.

¿Y qué? ¿A caso crees que ese dolor punzante en el pecho me hizo ir tras ella? 

Valiente ingrato. Maldito cobarde.

¿Puedo darte un consejo? Puedes cogerlo, o puedes hacer como yo, arrastrarlo por el fango, escupir sobre el.

Cuando encuentres a esa persona.. Joder. Cuando encuentres a esa que te haga replantearte todo lo que habías creído correcto hasta encontrarla, y te mire, y, mierda.. Te haga temblar de pestañas a corazón, y te lo diga todo sólo con rozarte, sin necesidad de versos, ni canciones, ni palabras.. No la sueltes.
No cometas el mismo error que yo.
No permitas que se aleje de ti.

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Llegaste, destrozaste y te marchaste. No te molestaste en amarme, ¿para qué? Mientras destrozabas sólo veías mi cuerpo desnudo, sin pararte a pensar en todo lo que llevaba dentro. En que cada suspiro de placer no era por querernos, sino por quererte.
Y esto era lo que tu veías, cuando yo lo único que podía hacer era beberte el alma a través de tus ojos.

#

Con la mirada triste, y llena de océano. Como la de quien te echa de menos incluso a distancia base, sostenida e ínfima. Ínfimos, e íntimos, como aquéllos besos vetados y sin dueño que le entregabas a otras bocas, porque de la mía te olvidabas simplemente con bajar los párpados y suspirar en la nuca de tantas otras que nunca te amarían el alma, como lo hacía yo.

jueves, 12 de junio de 2014

Fear.

No había un solo día en el que no pensara en nosotros. En lo que éramos, en lo que debimos ser, y en lo que pudimos pero no quisimos. En la de veces que intenté que te quedaras, y en la de ocasiones que tú intentaste no abandonarme. Dolía, pero aún así yo lo traía a nuestra memoria una y otra, y otra vez. Quería sentirnos de nuevo, como un sólo, como cuando las cosas iban bien y no pensábamos en catástrofes, ni ruinas, ni cenizas esparcidas en indiferencia afilada y sangrante. 

No había un sólo día en el que no pensara en nuestro amor. En ese que anhelábamos, en ese que sentíamos pero que no podíamos expresar, por miedo a volver a cometer el mismo error. Dolía, si. Pero aún así yo lo traía a nuestra memoria una y otra vez. Quería serlo todo para ti. Tu luz y firmamento, el sol y la luna a partes iguales, cómo si no se dolieran cada vez que tienen que verse para volver a despedirse. 

No había un sólo día en el que no pensara en el miedo. En ese que siento cada vez que me dices adiós, como si pensara que vas a dar media vuelta para volver a desaparecer, para dejarme sola, rota y fría. Dolía, si.
Pero aún así yo lo traía a nuestra memoria una y otra vez. Quería volver a sentirlo. El dolor en el pecho, la quemazón en el alma, cómo si ya de por sí perderte no fuera castigo suficiente.