viernes, 29 de enero de 2016

En sus ojos, siempre era Otoño.

Por eso yo siempre buscaba cualquier excusa para quedarme.
Cualquier excusa para mirarme en sus cuencas insalvables, en sus pupilas negras abismales, puente hacia luchas internas llenas de fuego y ceniza, pasto de todas las batallas que siempre perdía por el miedo mismo de perdernos.
No podía sino detenerme a observar como se debatía entre dejarlo todo por perdido o seguir intentándolo una vez más. Porque eran más fuertes siempre sus ganas de arrastrarme consigo, que de dejarme ir.
Y yo me dejaba guiar por sus manos huidizas, deseosa de su tacto, porque cualquiera que estuviera en mi piel habría insistido en su roce una vez más. 



miércoles, 27 de enero de 2016

Si echo la vista atrás, mil cosas he dejado a medio hacer.

Creo que nunca le dije a mi madre cuanto la quería en realidad.
Tampoco me dije a mi misma todo lo que en su momento hubiera bastado para hacerme dejar todo lo horrible a un lado, todo el sufrimiento sin sentido que podría haberme ahorrado.
No recuerdo haber sonreído las veces que se consideran necesarias para ser tachado de feliz, ni haber llorado y no de pena, por todo aquello que me emocionaba en demasía.
No tengo recuerdo alguno de haber fomentado mis aptitudes, y tampoco recuerdo haberme parado a disfrutar de cada pequeño placer vital que se me presentaba.

Yo ya.. no evoco nada que tenga que ver con la ilusión o la esperanza, porque realmente la perdí en el momento en el que empecé a perderme.
No tengo memoria para más allá de todos estos rotos que ahora me atormentan, y aún así me desvelan flashes de luz que evocan dulces palabras y bellos rostros que sin embargo, nunca conocí.
Y eso es aún peor que no recordar nada, es aún peor que no haber sentido nada.

Imaginar momentos de luz entre tanta oscuridad que ni siquiera me pertenecen, es aún peor que recibir un remiendo más en el corazón.

Yo no quiero estar en otra piel.

Aún con todas mis batallas perdidas y sonrisas exterminadas, me quedo con quien soy.
Me gustar saber cuando algo va a provocarme una tristeza inmensa, o cuando mi corazón va a encogerse sin que nadie se de cuenta, sin que nadie pueda llegar a percibirlo.
No es saludable encerrar tanto sentimiento dentro, y sin embargo, no concibo más vida y realidad que esa como motor de todo lo que anhelo; como esperanza de todo por lo que un día yo luché.
A veces siento que algo no va bien en mi, que hay algún factor en mi que se estropeó por el camino, o que alguna pieza se desligó en mi evolución de niña a mujer. 
Es como si fuera toda yo un puzzle sin sentido en el que las instrucciones faltan, o están escritas en un idioma extraño y vasto. Como sí en realidad, nunca pudiera estar completa.
Pero entonces recuerdo todo lo que tuve que caminar para llegar hasta aquí.
Todo lo que sufrí, esperé, perdoné e ignoré.
Y entonces ocurre.
No quiero dejar de ser la chica que se entretiene observando la inmensidad de un campo lleno de rosas, o la que camina por la orilla de la playa en busca de consuelo agua-sal. 
Quiero seguir desconcertando a los demás con mi actitud y pensamiento, y quiero continuar entendiéndome más de lo que nadie nunca logrará comprender.
Aún con todas mis batallas perdidas y sonrisas exterminadas, me quedo con quien soy, aunque ello signifique tener que recorrer cada uno de los caminos y atajos de la vida, sola. 

Abandono.


Recojo los platos rotos que tú siempre antepones a todo lo que tiene que ver conmigo, y estoy segura de que ya no puedo estar más destruida.

Me detengo y observo mi reflejo en el cristal que son tus ojos, y sólo puedo ver como te alejas cada vez más, sin detenerte a pensar si todo ésto merece la pena.
Si desesperarnos hasta enloquecer nos merece algo que no sea destrucción y tormento.
Y resuenan en mis oídos esos ecos pasados de gritos en cualquier estación, y me estalla el corazón sin remedio, como si pudiera oír cada uno de mis pensamientos.
Y tú estás cada vez más lejos, como retándome a seguirte o a quedarme sola para siempre.

La perspectiva de no tenerte, me sabe a hierro en los labios.

Pero aún así, sigo arrodillada en el suelo, recogiendo los recuerdos en pedazos que tú te encargaste de aniquilar y esparcir hasta casi hacerlos desaparecer. 
¿Puedes sentirte orgulloso después de ésto?
Jugamos al son que marcabas, y peleábamos por ver quien caería primero al abismo.
Nunca pensé que ganar fuera peor que perder, pero a veces, así es.
Y me encuentro sola, desgastada, destrozada, quejumbrosa, recogiendo todo lo que tú has ido tirando a la espalda, y recomponiendo a duras penas todo lo que queda de mi. 
Y a veces me pregunto si conocerte fue azar, o si el destino te puso ante mi para enseñarme qué no era el amor.
Lo único que sé a ciencia cierta, es que mi corazón cerró por reformas, y no tiene prisa alguna por volver.
Lo único que sé es que mudé sentimientos, hasta casi desaparecer.

Pérdida.

Nadie podrá decirme nunca, 'no has de llorar por lo que se fue.'
Porque nadie nunca sabrá porqué lo perdí, o porqué le pedí que se marchara.
Nadie entenderá mis motivos, y mucho menos tu marcha... 

¿Pero de qué sirve llorar?

Nunca fui muy amiga de las despedidas, y sin embargo, no tuve más remedio que dejarte ir.
Nadie nunca podrá decir que no te amé, o que no te perdoné. Nadie, que no me arrastré, o que no me destrocé.
Porque nadie nunca sabrá porqué nos perdimos, o porqué te rogué que me dejaras.
Nadie sabrá nunca cuantas promesas rompiste, y mucho menos, cuantas ilusiones destruiste...

¿Pero de que sirve recordar?

Nunca fui muy amiga de las despedidas, y sin embargo, no tuve más remedio que dejarte ir.
Nadie nunca podrá decir que te lastimé, o que no te hice bien. Nadie, que me sufriste, o que en todos nuestros días, tu corazón sin reservas me diste.
Porque en realidad, nadie nos conoce. 
Nadie sabe porqué tus latidos dejaron de seguirme, y nadie sabrá porque mi corazón dejó de anhelarte. 
Porque mi alma llora cada vez que oye hablar de ti, y la tuya se fragmenta en mil pedazos cuando evoca cualquier recuerdo que te conduzca a mi.
Nos boicoteamos. Nos alejamos de la felicidad.

Entonces dime... ¿Por qué nos hacemos ésto?

Coraza.

Cae la noche, y ya no soy capaz de seguir luchando. Las fuerzas me abandonan, y todo el coraje del que siempre presumí, desaparece sin dejar rastro, dejándome vulnerable, presa fácil de cualquier alma cruel.
Las lágrimas ya cesan, pero el nudo en el corazón sigue pesando, doliendo y asesinando cualquier emoción que amenace con aflorar de nuevo. 
Me siento muy sola, y a la vez no quiero que nadie se acerque a mi.
Una vez, alguien me dijo que todo el que me toca, sale perjudicado. Que todo el que me ama, acaba dañado.
Y después de haber sido testigo de como tal afirmación se hacía realidad, sólo podía desear no tener nada.

¿Qué puedo romper ahora que cualquier aliciente de felicidad me ha abandonado?
Ahora, todo el mundo está a salvo, porque nadie se estropeará por mi proximidad.

Me visto de recuerdos fragmentados y de sensaciones contradictorias, y marcho así.
Me cubro el corazón con murallas infranqueables, y escondo el alma tras una coraza hecha a prueba de amor.
Y es así como todo acaba.
Porque tal cantidad de amor conocí, y tanto dolor causé por ello, que prefiero vivir mil vidas sola sin conocer más que lo que yo misma creo, a ver sufrir a alguien más, por mi terco corazón embustero.

martes, 26 de enero de 2016

Consumida.

Siento como nadie logra entenderme. 
Es como ser un complicado crucigrama en otro idioma muy distinto, o ser un jeroglífico de imposible descifrado.
Así me siento.
Siento como me consumo lentamente, mientras los demás creen en mi sonrisa, o en mis formas de hacer ver que estoy bien.
Pero la realidad, es que no lo estoy.
La realidad, es que las lágrimas hace mucho que forman parte de mi rutina.
La gente cree que es el amor, o la falta de él a veces... O incluso problemas de índole completamente distinto.
Pero no es así.
No lloro por evocar recuerdos del pasado, o para demostrar lo absolutamente dura que fui en una ocasión.

Lloro, porque las lágrimas son las únicas que conocen mi secreto.

Y son ellas las que, sin mi consentimiento, intentan hacer ver a los demás que lo que ocurre es que, de forma absoluta y abismal, estoy completamente destruida.

Pesadilla.

Abría los ojos después de una noche difícil.
No lograba entender porqué mis sueños cada vez se tornaban más en pesadilla, ni porqué ahora la realidad me resultaba tan complaciente.
Sólo sabía que no quería volver a abandonarme al sueño, porque me aterraba lo que pudiera encontrar al desaparecer.
Mis propios demonios internos amenazaban con salir a la superficie si no los aplacaba con mis palabras, para otros huecas y faltas de sentido, pero para ellos esperanzadoras y libres de mentira alguna.

'Escaparemos', les decía. 'Huiremos y seremos capaces de volver a empezar. Dejaremos de estar malditos, dejaremos de ser un lastre, y acabaremos convertidos en cenizas que el viento arrastrará hasta encontrar la paz.'

Y me creían. Creían todo lo que yo podía ofrecerles, y dejaban de lastimarme. Dejaban de dañarme, y de hacer daño a los que yo más quería. Dejaban de enjaularme en sueños, y me permitían despertar.
Era difícil sobrevivir así. Era difícil temer a los sueños igual que se teme una catástrofe.
Pero aún así, lo hacía.
Me abandonaba a la sensación de tenerlo todo bajo control, incluso cuando sabía que sólo era un espejismo.
Cuando sabía que, en realidad, ellos nunca dejarían de atormentarme.
Ellos nunca dejarían de recordarme, que aún queriendo escapar y salir de mi propia cárcel de sentimientos, ellos eran yo, todo lo que yo componía...

No dejarían de recordarme que, por mucho que intentara, luchara o gritara, yo nunca podría salvarme. 

Mi amor.

El corazón me late al ritmo de tu parpadeo.
Es extraño cómo, después de todo, aún sigo deseosa de todo lo que tenga que ver con tu ojos... De verme reflejada en ellos como en agua turbia.
Aquélla sensación de sentirme minúscula si no es tu presencia la que me acuna, si no son tus brazos los que me acogen, tras tanta tormenta. 
Realmente, es cómo sentirme escrita en idioma braille, anhelante porque me leas... Ansiosa de tu tacto.

Y aún así, te preguntas si te amo.

Me preguntas si lo hago, como si pudiera hacer otra cosa en la vida que no fuese amarte.
Cómo si otro oficio o dedicación fuera a llenar mis ventrículos de la forma en que tu sonrisa lo hace.
Cómo si otra mirada fuera a ser capaz de provocar en mi lo que la tuya hace, sólo con rozarme con los ojos.
Eres, fuiste y serás mi gran dolor, y siempre vas a ser, fuiste y serás mi única cura.