miércoles, 25 de septiembre de 2013

Leave.

Me limité a mirar por la ventana, completamente absorta en mis pensamientos.
Sabía que mi madre seguía hablándome, o más bien, amonestándome por mi falta de pudor a la hora de exponer mis ideas, sin importar como afecten a los demás mis palabras. Siempre he sido así. Directa. Letal.

-...deberías haberme preguntado primero-finalizó, dándome un leve manotazo en el hombro para que reaccionara. 
La desilusioné estrepitosamente. 

Sentía, aún sin mirar, como a mi madre se le empezaba a agotar la paciencia.
Por lo general, era una mujer tranquila. Cuarenta y pocos, carácter apacible y maniático sentido del orden.
Yo, por el contrario, era todo caos y descontrol.
No era algo que me preocupara demasiado. Siempre habíamos sido diferentes, y creo que era eso mismo lo que, a ojos de los demás, nos hacía ver tan iguales.
Intenté enfocarla a través del reflejo del ventanal, y la vi ahí, menuda y con la exasperación dibujada en el rostro. Podía sentir cuanto le costaba ponerme en vereda, o por lo menos, hacer el intento de. Pero yo no podía cambiar de la noche a la mañana, ni de la mañana a la noche. Yo era como era desde que había tenido conciencia para sobrevivir en este mundo, y no iba a comportarme de manera distinta sólo porque a los demás no les gustara lo que tuviera que decir, máxime, si lo que yo decía eran verdades como templos de grandes.
Decidí darme la vuelta y acabar cuanto antes con el sermón.
La miré a los ojos he hice una mueca displicente.

-Mamá, te lo tomas demasiado a pecho. Solamente he sido sincera. ¿Así se paga la sinceridad en este mundo? ¿Con reproches y enfados?

Mi madre me miró como si fuera la primera vez que lo hacía, los ojos abiertos como platos. Tuve que contener el impulso de echarme a reír.

-¿Crees que decirle a la mujer de mi jefe que debería dejar los panecillos con mantequilla por el bien de su tarima flotante es... bueno, no sé, es lo correcto?- me preguntó, indignada.

-Creo recordar que no dije exactamente 'debería dejar los panecillos de mantequilla'-aclaré, acercándome pesarosa a la cama y tumbándome tranquilamente- dije 'Sería del agrado de todos que dejara de zamparse todos los emparedados de mantequilla que tanto me ha costado ir a comprar a la panadería'-le guiñé un ojo y disfruté de la máscara de asombro y estupefacción en la que se convirtió su rostro-creo que fui refinada en las formas, y usé un vocabulario culto.

Mi madre casi parecía dispuesta a la lanzarse sobre mi y asesinarme en cualquier momento, pero de repente (como tan estudiado lo tenía), la máscara se trasformó en una sonrisa cansada y una expresión indiferente.
Agitó las manos en el aire y me dio la espalda.

-Haz lo que quieras Scarlett-dijo al fin, en un tono que dejaba ver que estaba harta de mis insufribles contestaciones-siempre lo has hecho, y siempre lo harás.

-Veo que por fin estamos de acuerdo en algo-apostillé, aunque ella hizo como si no me oyera. Se dio la vuelta y me miró fijamente a los ojos.

-Desde que murió tu padre te has comportado como una ingrata, como una malcriada y una maleducada. Te lo he perdonado todo, he dejado pasar lo indecible, y aún así, ¡no cambias! ¡No haces nada por cambiar! ¡No pones nada de tu parte! ¿Y pretendes que yo lleve el peso de todo esto? Estás muy equivocada, Scarlett Shaw, si piensas que voy a hacerlo.

'Ay', pensé. 'Me ha dado donde duele'

-Claro mamá, lo que tú digas-contesté, como hacía siempre que sacaba el tema a relucir. Era como mi respuesta-comodín. Mi respuesta para casi todo.

Mi madre se dirigió a la puerta y se dispuso a salir, no sin antes darse la vuelta para mirarme fijamente.
Me ponía nerviosa que hiciera eso, y ella lo sabía. Me incorporé, me encogí de rodillas y apoye la barbilla entre ellas, intentando obtener una pose de total indiferencia.

-Tú nunca serás como él, Scarlett-dijo entonces mi madre, llamando mi atención.

-¿Qué?-pregunté, desconcertada por primera vez en mucho tiempo.

-He dicho, que nunca serás como él. Como tu padre. Nunca podrás llegar a serlo. Porque donde él era todo dulzura, amor, afecto y bondad, tu eres destrucción, antipatía, odio e ignorancia. Intentas aparentar algo que no eres, y lo único que siembras es ruinas a tu paso. Me destrozas a mi, y dañas a todo el que intenta portarse bien contigo. Estoy harta de la Scarlett en la que te has transformado. Ya no es sólo este incidente. ¡Es todo! Como me hablas, como me tratas... Estoy harta, Scarlett. Y no sé si podré soportar más tiempo, que me rompas tantas veces el corazón.

No me dejó replicar. Cerró la puerta tan fuerte, que repiquetearon los goznes de forma sorda.
Me sentía lívida, aunque no tuviera un espejo cerca.
¿Realmente mi madre, la simpática, jovial y atolondrada Jane, había dicho todo eso? ¿Sobre mi?
Las rodillas me empezaron a flojear, y tuve que tumbarme para no marearme.
¿Realmente... esa era la sensación que provocaba a los demás? ¿La sensación de... destruir todo lo que tocaba?
Lo peor había llegado con 'tú nunca serás como él'
Realmente, había sabido a que se refería desde el primer momento, pero mi propia barrera anti-daño me había hecho creer que lo desconocía.
Yo ya sabía que nunca podría ser como mi padre. Él era demasiado... Era demasiado. Así. En todos los aspectos. Todos le querían, a todos les caía bien, todos lloraron cuando se enteraron de su enfermedad, y más aún lloraron su pérdida, hará casi un año.
Yo nunca podría ser como él.
Nunca podría cumplir las expectativas que él en tan alto estandarte había dejado.
Y en el fondo de mi corazón, de mis entrañas, sabía que mi madre tenía toda la razón.
Me había convencido tan fuerte de que nunca podría ser como él, que había acabado convirtiéndome en su antítesis. 
Cerré los ojos, intentando que las lágrimas no salieran a flote, puesto que ellas eran las únicas capaces de guardar mi secreto.
Ese, que tan dentro escondía con el propósito de que nunca viera la luz.
Ese, que escondía una verdad tan grande como el universo.
Porque, si yo ya estoy completa, absoluta e innegablemente rota...¿cómo no voy a destrozar todo lo que hay a mi alrededor?

domingo, 8 de septiembre de 2013

Hay personas, que son estaciones.

Las personas Primavera me eclipsan por su vitalidad. Son ese tipo de personas que alegran simplemente con aparecer, que viven por y para los demás, sin necesidad de aviso o llamada. Son esas personas que iluminan estancias a cada paso que dan, y que no limitan la felicidad al momento que se vive, sino que la alargan hasta casi el momento de la misma muerte.
Ese tipo de personas, que no pueden faltar en la vida de uno.

Las personas Verano son pasionales, rezuman fuego por los cuatro costados, y no temen quemar con sus sentimientos, puesto que no conocen otra forma de amar que no sea abismal y en llamas. Que no roce hasta arder, y que no acabe en cenizas.
No reniegan del dolor por amor, pero tampoco dañan sin sentido. Sólo aman, hasta que ya no queda nada.
Ese tipo de personas, que te abruman de tal manera, que no te permiten escapar.

Las personas Otoño se caracterizan por esa frialdad tan cálida en ocasiones. Te abrazan para ofrecerte cobijo, y nunca te dejarán sólo, nunca dejarán que caigas sin motivo, nunca dejarán que te acabes ni que te consumas, porque no conciben la vida solitaria. No conciben no tener a alguien a quien amar de esa forma que hace que se te encoja el corazón, que se retuerzan los latidos. 
Ese tipo de personas, que no dudarían en atravesar mil jaulas de abismo con tal de verte sonreír.

Las personas Invierno te calan, al igual que el frío. Se meten dentro de ti de una manera tan.. tan destructiva.. Pero no con ánimo de hacer ruinas ninguna de tus barreras, pero así hacen. No son capaces de controlar la fuerza con la que llegan a ti, y cuando quieres darte cuenta, conocen cada uno de tus secretos, reconocerían cada una de tus mentiras, incluso las que tus ojos pronuncian y tus labios no.
Intentan por todos los medios no enamorarse, y sin embargo, es su amor el único capaz de ahogar cualquier sentimiento oscuro y letal..
Ese tipo de personas, que destrozan, aniquilan, destruyen.. pero que aman. Sin remedio.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Confesión.

Querría que entendieras.. que no todo siempre fue así de fácil.
Que no todo se resumía en no pensarte, ni en no querer saber nada de ti.
Que no todo eran miradas arrebatadas y sentimientos congelados.
Hubo un tiempo, en el que incluso pronunciar tu nombre era castigo.
Me preguntarás ahora, que porqué te oculté todo. Me preguntarás, porqué no te lo dije antes, o simplemente dirás que todo es una farsa. Pero estoy cansada de mentirte, y más aún, lo estoy de mentirme.
Siempre vamos a pertenecernos, por muy mal que vayan las cosas.
No podré quererte como ansiabas que así fuera, pero podré hacerlo con cada uno de los pedacitos de mi corazón que son de tu propiedad.
Me prometiste demasiadas cosas, y mi alma se cansó de las ilusiones y las esperanzas que nunca llegaban a nada.
Se cansó de tener que observar como todo tu mundo se trasladaba a millas y millas de mi. De comprender, que hacía mucho tiempo que tus prioridades habían cambiado, y de comprender que ya no todo se reducía a nosotros, y mucho menos a mi.
Volé lejos de ese dolor, y busqué cobijo en brazos que no me daban salvo calor momentáneo en tiempos de soledad. Se agradecía, pero no era suficiente.
Surqué mares ajenos en busca de esa cura para el sufrimiento que suponía haber fragmentado mi corazón de una manera tan salvaje, de una forma tan.. destructiva.
Y cuando por fin encontré a esa alma capaz de soportar todos los tormentos que la mía acarreaba, me sentí en casa. Porque él se convirtió en todos los pilares que yo necesitaba para mantenerme en pie, y yo me convertí en la luz de ese túnel en el que permaneció tanto tiempo a oscuras.

Y es ahora, con el corazón en una mano y tantas explicaciones en la otra, cuando soy capaz de escribirte, para decirte que en realidad, siempre te quise, por muchos daños que me infligieras.
Que siempre voy a acordarme de ti, por mucho dolor que me supusieras.
Que nunca vas a desaparecer de mi vida, aunque no de la manera que tu quisieras.

Que por muchos rotos que tu marcha y tus palabras me produjeran, yo siempre te querré como a ese alguien que me despertó del letargo, y me enseñó que el amor, si no duele, si no escuece, si no rasga ni hiere.. no es amor. No es nada.


viernes, 6 de septiembre de 2013

El amor.

Yo.. yo siento todo tierra baldía y a la vez llena de vegetación.
Siento colores por doquier, y a la vez todo a escalas grises.
Son sentimientos contradictorios.
Amor y dolor al mismo tiempo.
Es como curarte para volver a enfermar de lo mismo, como un bucle, una y otra vez.
Intentas buscar un antídoto, y te das cuenta de que, lo único capaz de sanarte es aquello que más daño te hace.
El amor es como esa rosa, esa que es.. la más hermosa de todas, y a la vez, la que más malditas espinas tiene. No puedes dejar de acariciarla, incluso mientras ves que sangras y sangras cada vez más, a cada caricia susurrante que pasa. 
Enamorarse es arriesgarse a perderlo todo. 
Enamorarse, es decirle adiós a todo lo que constituías, para empezar a formar parte de una espiral de sensaciones y rotos constantes, que si bien dañan demasiado, son lo único capaz de mantenerte con vida.
Enamorarse, es decirle adiós a la soledad, para siempre.

No me hables de amor, cuando tu corazón ni siente.

Cuando tus latidos se extinguieron con tu primera calada al olvido. Cuando se esfumó todo por que lo que luchamos, en menos de dos, o tres suspiros.
Muros de entendimiento derrumbados por la locura, destruidos por el dolor. 

Y que sé me fracture el alma si miento al decirte, que todo quedó en cenizas tras tu marcha, que todo se volvió llamas cuando volviste.


Y vuelves a dedicarle otro adiós a todo lo que soy. Y vuelves a arrastrar todos mis sentimientos por el fango de tus promesas rotas.
Vuelves a no volver cuando más te necesito, y desapareces de mi vida en dos.. o tres suspiros. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Inmensidad.

Buscarte entre océanos ajenos de dudas y calamidad se volvió fuego en mi interior. Todo sentimiento quemaba, y cualquier rastro de tu amor, se tornaba ceniza. 
Sé que no debería sentirme así.
Tan.. dolor y roca. Tan fría y mármol. 
Pues estamos hechos para ser destruidos, ¿no es así? No debería sentirme como una muñeca rota, o como una ilusión desecha.
Joder, no debería.. querer no existir en este momento.
Pero lo hago. Lo hago.. porque tú no estás.
Porque de nuevo, te has ido de mi.
Porque buscarte entre océanos ajenos de dudas y calamidad, se volvió fuego en mi interior.. y todo sentimiento quemaba y.. cualquier rastro de tu amor, se tornaba ceniza.

Heart by heart.

Si alguna vez mi corazón me pregunta el porqué de sus rotos, le hablaré de ti.
De como llegaste, deslumbraste y aniquilaste.
De como rajaste, tomaste y arruinaste.
Le hablaré de tu sonrisa.. y de las mentiras que ocultaba.
Le hablaré de tus ojos.. y de aquello que no decías con la mirada.
Le hablaré de como me encontraste; pero también le hablaré de como me destruiste.

Si alguna vez mi corazón me pregunta sobre los recuerdos, le hablaré de nosotros.
De como te amé, de como me derrotaste.
De como te seguí, cuando tú me dejaste ir.
De como me arrastré ante todo lo que suponías, y de la sonrisa que me dedicaste al marchar.
Le hablaré de todo en lo que me convertiste..

y de todo lo que perdí por seguirte. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Carta al pasado.

Estúpida y cabezota yo:

deja de hacer el idiota. Deja de creerte la reina del baile de la que es tu vida, y empieza a preocuparte también por lo que tienes alrededor.
Deja de intentar aparentar fuerza donde solo hay dolor. Deja que las personas que te quieren, te ayuden. Deja que, al menos, lo intenten.
Pero deja de ser tan tuya. Deja de ser tan introspectiva. Introvertida.
Deja de ser tan tú, y empieza a ser más como yo (sé que es imposible, ya que yo me forjé a base de lo que tú has sido), pero aún así, inténtalo.
Ahórrame esas noches en vela y esas peleas sin sentido con las personas que más me importan.
Ahórrame las lágrimas innecesarias, y las palabras que hieren.
Ahórrame el sufrimiento gratuito, y las acciones descompensadas.
Empieza a vivir, Claudia.
Hazlo ahora, por favor.
Y no pares nunca.

lunes, 2 de septiembre de 2013

La chica de la sonrisa triste.

Camina como movida por la inercia de los besos que ya no llegan, de las caricias que se le vetaron. 
Deambula por sus propios sueños con la esperanza de no despertar jamás, y con la incertidumbre de si volverá a amar algún día, con el corazón hecho pedazos. 
Se pregunta porqué ya no va en consonancia con sus propios latidos; porqué ya no vive ajena a todo lo que le produce dolor.

Su sonrisa, triste.
La mirada, perdida.

Pasea por las calles como queriendo desaparecer, como intentando mimetizarse con la neblina, con las sombras.
Intenta por todos los medios, pasar desapercibida entre un mar de odio y egoísmo, de naturaleza única del ser humano.
Intenta, desde todos sus frentes, no hacerse ver, para ya no volver a sufrir.
Cierra su corazón a cal y canto a todo aquél que intenta sobrepasar su barrera a base de descosidos de otras cicatrices.

Y se pregunta porqué ya no es capaz de sentir. 
Se pregunta, porqué ya no es capaz de ver más allá de todo lo que le escuece y le provoca pavor, y llanto.
Se pregunta porqué su vida ya no se basa en ser feliz por los que son felices, sino que lo hace en ser infeliz por cada lágrima derramada en rostro ajeno.
Se pregunta, cuando sus daños empezaron a pesar más que los años.

No comprende, porqué ya no puede volver a necesitarse más.

Y se convierte en la chica de la sonrisa triste.
En aquélla de la mirada perdida.
En esa chica que lo dejó todo atrás por amor, y sólo encontró desdicha y soledad, como única cura para la amargura de su corazón.