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Mostrando entradas de agosto, 2014

Equidistantes.

Obligados a mirarnos desde lejos, porque cerca estallamos. Una bomba de relojería que no se detiene a sentir, incluso cuando es todo lo que tengo dentro lo que más puede pertenecerte. Es ilógico, ¿verdad? Necesitarte tanto y cerrar la boca. Quererte en silencio porque dice más que si lo grito al mundo entero. Y aún así, ni tú ni yo nos atrevemos, porque.. ¿quien en su sano juicio, querría sembrar sobre roto? Nos hacemos los duros cuando realmente somos kamikaces deseando morir por alguien. No hay un orden establecido cuando se trata de ti, sólo locura y a veces, acantilados llenos de puntas afiladas que buscan herirme antes incluso de llegar a tu frío corazón. Siempre ha sido así. Lo ocultamos, intentamos que no se note cuánto deseamos ser el amor prohibido y caótico de otra persona. Pero entonces ocurre. Lo somos. Y es ahí, y no en ningún otro lugar, dónde queremos quedarnos para siempre, sin importar el daño, los precipicios, ni las lágrimas.  

¿Serías capaz?

A veces me pregunto si es lícito y a la vez sano, que mis sentimientos te pertenezcan. Puede que ni siquiera lo sepas, o que sí; que lo sepas, y lo ignores todo por miedo al dolor. Lo sé, porque a mi también me duele. Sentir como entregas cada pedazo de tu alma a alguien, y ver como destroza como un tornado sin piedad cada resquicio de la esperanza que depositaste en lo que conformabais.  Sé lo que es perder la fe. Sé lo que es pensar que nunca más volverás a creer. Sé lo que es dolerse por un amor roto. Y aún así aquí sigo, llena de todo lo que tiene que ver contigo y vacía de cualquier sentimiento que te tenga a ti como culpable. ¿Cómo se controla un sentimiento? ¿Cómo hago yo para dejar de pensarte, o siquiera sentirte? Lo peor de todo es que ni siquiera sabrás nada de esto. O puede que incluso lo peor sea que sí, que lo sepas, y lo dejes ir. Que me dejes ir a mi, y permitas que entren otras chicas que no saben lo que es amar a un corazón destrozado. Que si tu coraza...

Sólo soy una chica.

No puedo detener el tiempo, ni viajar a través de el. Ni siquiera tengo el poder de detenerme a mi misma, ni de viajarme por todos los recuerdos que me sustentan. Si me empujas, me caigo.  Si me gritas, me rompo. Porque en el fondo soy todo cristal sin acorazar, a prueba de todo menos de ti.