Equidistantes.

Obligados a mirarnos desde lejos, porque cerca estallamos.
Una bomba de relojería que no se detiene a sentir, incluso cuando es todo lo que tengo dentro lo que más puede pertenecerte.
Es ilógico, ¿verdad?
Necesitarte tanto y cerrar la boca. Quererte en silencio porque dice más que si lo grito al mundo entero.
Y aún así, ni tú ni yo nos atrevemos, porque.. ¿quien en su sano juicio, querría sembrar sobre roto?


Nos hacemos los duros cuando realmente somos kamikaces deseando morir por alguien.


No hay un orden establecido cuando se trata de ti, sólo locura y a veces, acantilados llenos de puntas afiladas que buscan herirme antes incluso de llegar a tu frío corazón.

Siempre ha sido así. Lo ocultamos, intentamos que no se note cuánto deseamos ser el amor prohibido y caótico de otra persona.
Pero entonces ocurre. Lo somos. Y es ahí, y no en ningún otro lugar, dónde queremos quedarnos para siempre, sin importar el daño, los precipicios, ni las lágrimas.  

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