lunes, 24 de septiembre de 2018

Eres mi aguacero particular. Desde que llegaste, calaste en mi sin dejarte ni un sólo rincón por conquistar. Tu agua sació mi sed, cada gota de lluvia logró traspasar el muro que yo creía impermeable, que yo había creado para protegerme de todo aquello que quisiera sacarme de mi zona de confort. 
Cruzaste la puerta sin miedo a lo que pudieras encontrar detrás, como un kamikaze. Luchaste contra todos mis monstruos sólo con abrazarme. Nunca necesitaste una espada para vencerlos. Tu verdadera fuerza siempre residió en existir. 
Volvería mil veces a dejar que tu tormenta arrasara mis miedos. 
Dejaría que el huracán que son tus besos abrasara mi boca toda la vida si eso fuera garantía suficiente de no volvernos a separar.



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