Mi hogar.

Es lo único que quiero. 
Permanecer bajo su manto protector, bajo todo ese halo de "nadie va a volver a hacerte daño jamás".
Nunca más querré irme de su lado, porque todo lo que le concierne es lo que yo siempre he sentido casa.
Mi guía. "Mi faro de Alejandría". Mi ancla. 
Todo lo que me hace querer seguir existiendo en un mundo en el que muy pocos conocen el verdadero significado de amar y ser correspondido con la misma fuerza; con las mismas ganas.
Me envuelve entre sus brazos y renazco. 
Me encuentro siendo el ave fénix de mis propias cenizas, únicamente porque él me mira.
Es entonces cuando tengo que recordar como se sigue respirando.
Es entonces, cuando comprendo que ya jamás concebiré mi vida, mi existencia, si no es él el que me acaricia el alma hasta el último suspiro. 
Es entonces, y sólo entonces, cuando vivo.
Es ahí.
Puedo jurarlo.

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