Pérdida.

Nadie podrá decirme nunca, 'no has de llorar por lo que se fue.'
Porque nadie nunca sabrá porqué lo perdí, o porqué le pedí que se marchara.
Nadie entenderá mis motivos, y mucho menos tu marcha... 

¿Pero de qué sirve llorar?

Nunca fui muy amiga de las despedidas, y sin embargo, no tuve más remedio que dejarte ir.
Nadie nunca podrá decir que no te amé, o que no te perdoné. Nadie, que no me arrastré, o que no me destrocé.
Porque nadie nunca sabrá porqué nos perdimos, o porqué te rogué que me dejaras.
Nadie sabrá nunca cuantas promesas rompiste, y mucho menos, cuantas ilusiones destruiste...

¿Pero de que sirve recordar?

Nunca fui muy amiga de las despedidas, y sin embargo, no tuve más remedio que dejarte ir.
Nadie nunca podrá decir que te lastimé, o que no te hice bien. Nadie, que me sufriste, o que en todos nuestros días, tu corazón sin reservas me diste.
Porque en realidad, nadie nos conoce. 
Nadie sabe porqué tus latidos dejaron de seguirme, y nadie sabrá porque mi corazón dejó de anhelarte. 
Porque mi alma llora cada vez que oye hablar de ti, y la tuya se fragmenta en mil pedazos cuando evoca cualquier recuerdo que te conduzca a mi.
Nos boicoteamos. Nos alejamos de la felicidad.

Entonces dime... ¿Por qué nos hacemos ésto?

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