Mi amor.

El corazón me late al ritmo de tu parpadeo.
Es extraño cómo, después de todo, aún sigo deseosa de todo lo que tenga que ver con tu ojos... De verme reflejada en ellos como en agua turbia.
Aquélla sensación de sentirme minúscula si no es tu presencia la que me acuna, si no son tus brazos los que me acogen, tras tanta tormenta. 
Realmente, es cómo sentirme escrita en idioma braille, anhelante porque me leas... Ansiosa de tu tacto.

Y aún así, te preguntas si te amo.

Me preguntas si lo hago, como si pudiera hacer otra cosa en la vida que no fuese amarte.
Cómo si otro oficio o dedicación fuera a llenar mis ventrículos de la forma en que tu sonrisa lo hace.
Cómo si otra mirada fuera a ser capaz de provocar en mi lo que la tuya hace, sólo con rozarme con los ojos.
Eres, fuiste y serás mi gran dolor, y siempre vas a ser, fuiste y serás mi única cura.

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