lunes, 23 de junio de 2014

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Llegaste, destrozaste y te marchaste. No te molestaste en amarme, ¿para qué? Mientras destrozabas sólo veías mi cuerpo desnudo, sin pararte a pensar en todo lo que llevaba dentro. En que cada suspiro de placer no era por querernos, sino por quererte.
Y esto era lo que tu veías, cuando yo lo único que podía hacer era beberte el alma a través de tus ojos.

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