¿Sabes cuál era el problema?

No es tan complicado, ya no. Después de tanto tiempo, de tantos quebraderos de cabeza, de tanto darle vueltas a si yo no era suficiente o a si tú eras demasiado, de intentar desentrañar lo que pasaba por tu mente a cada segundos, de enloquecer por no poder pedirte que me miraras sin decir palabra y me lo dijeras todo sin tan siquiera abrir la boca, de buscar excusas para tu comportamiento o de echarme la culpa de toda nuestra tristeza, he llegado a la conclusión de que realmente, nada de eso importaba.
¿Sabes por qué?
Porque el verdadero estigma que nos destruía a ambos por dentro, era simple y llanamente.. Que éramos tú y yo. 
Y ese era el problema.

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