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Sé que me querías a ratos, pero eran esos ratos los que no dolían. 
Eran esos, y no otros, los que curaban las heridas. Y me desentiendo de todo aquello que suponga lógico en el amor, pues mi corazón tiene ideas locas que destierran cualquier signo de razón. 
¿Y cuántas fueron las promesas que rompimos por el miedo mismo al dolor? Y cuánto nos dolimos cuando lo sentimos pedazos de cristal envenenados a nuestros pies.

Te quiero. Qué te quiero..

Cuanto te quiero, y qué poco nos estamos dejando querer.
Porque es muy triste encerrar tanto sentimiento dentro y no poder desbordar por el miedo a perdernos.
Por el miedo a perder.

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