-Yo no creo en el amor.

-¿No crees?-preguntó Juliet, evitando mirarle directamente a los ojos-¿quién no cree en el amor?
Nate seguía rompiendo trozos de césped con los dedos, y también evitaba el contacto visual.
-Alguien que no ha tenido nunca la necesidad de aferrarse a otro alguien, o a algo, para poder seguir adelante. Nunca he sentido que alguna parte de mi le perteneceria a nadie más que a mi mismo.
Juliet rió por lo bajo. Nate esta vez si que se giró para mirarla. 
-¿Qué te hace tanta gracia?-quiso saber, frunciendo el ceño.
Juliet alzó la cabeza, y las miradas de ambos se encontraron. Los ojos de ellas, marrones como la tierra, puros y limpios; los de él, verdes bosque, impregnados de libertad y furia. No tenían nada en común, y aún así, cada vez que se miraban, sentían una extraña conexión, como si se conocieran desde siempre. Era algo raro, ya que no hacía ni tres días que sus caminos se habían encontrado por primera vez. Por ello, ambos evitaban mirarse más de lo necesario. A ambos les abrumaba esa extraña sensación.
Ella cruzó los brazos y ladeó la cabeza, observándole con curiosidad.
-Nada, sólo..-entrecerró los ojos y se mordió el labio, impaciente-¿en que crees, entonces?
A Nate la pregunta le pilló por sorpresa. Juliet lo supo por la forma en que se le abrieron los ojos de repente, como cuando te clava un cuchillo en el corazón la persona que menos puedes esperar que te traicione.
-Bueno..-comenzó, rascándose la nunca y arrugando la frente-creo en el valor. En el valor y la lucha. En el valor y el coraje. Creo en que hay que luchar para seguir adelante. Sólo con la lucha se obtiene recompensa- Juliet seguía mordiéndose el labio, dejando escapar una pequeña sonrisa que hizo que se le arrugara la piel de alrededor de los ojos. Mientras la observaba, Nate se dijo que nadie nunca le había mira así, como queriendo saber de él más de lo que se limitaba a mostrar a todos- ¿por qué te ríes? ¿Qué te hace tanta gracia?
-Que te engañas a ti mismo-respondió ella, entrelazando las manos en el ragazo-Dices que no crees en el amor, en la sensación de pertener a otra persona, o incluso a algo, sea lo que sea que despierte algo de afecto en ti, y sin embargo dices que crees en el valor, el coraje y la lucha. Te contradices a ti mismo, Nate.
-¿Contradecirme?-Nate se puso en pie de un sólo movimiento, y se apoyó en el tronco de un viejo roble, la única compañía que tenían a varios kilómetros a la redonda.-No entiendo que quieres decir con eso de que me contradigo a mi mismo, pero tengo que decir que te equivocas, Juliet.
Juliet imitó al chico y se puso en pie con algo menos de agilidad, quedando frente a él. 
-¿Ah, si? ¿Eso crees? Dime algo, entonces. ¿De qué sirve creer en el valor, el coraje, la valentía y la lucha.. si realmente no tienes nada por lo que luchar?
Nate fue a replicar, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta. ¿Qué había hecho ella, ahora? ¿Por qué había sido capaz de entenderle más de lo que nadie en toda su vida había sido capaz de hacer? Siempre se había encargado de hacer pensar a los demás lo que quería que todos pensaran acerca de él. 
Y entonces llegaba Juliet, y en menos de tres días a su lado ya sabía más de lo que a él le gustaría reconocer. No pudo hacer otra cosa que seguir mirándola a los ojos, mientras las palabras de ella se calaban en su alma a fuego lento.
-Siempre hay algo que nos impulsa a seguir adelante Nate, siempre. Ya sea una persona, un recuerdo o incluso una meta. Siempre habrá algo a lo que amemos lo suficiente como para luchar por ello hasta el fin.

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