Confesión.

Querría que entendieras.. que no todo siempre fue así de fácil.
Que no todo se resumía en no pensarte, ni en no querer saber nada de ti.
Que no todo eran miradas arrebatadas y sentimientos congelados.
Hubo un tiempo, en el que incluso pronunciar tu nombre era castigo.
Me preguntarás ahora, que porqué te oculté todo. Me preguntarás, porqué no te lo dije antes, o simplemente dirás que todo es una farsa. Pero estoy cansada de mentirte, y más aún, lo estoy de mentirme.
Siempre vamos a pertenecernos, por muy mal que vayan las cosas.
No podré quererte como ansiabas que así fuera, pero podré hacerlo con cada uno de los pedacitos de mi corazón que son de tu propiedad.
Me prometiste demasiadas cosas, y mi alma se cansó de las ilusiones y las esperanzas que nunca llegaban a nada.
Se cansó de tener que observar como todo tu mundo se trasladaba a millas y millas de mi. De comprender, que hacía mucho tiempo que tus prioridades habían cambiado, y de comprender que ya no todo se reducía a nosotros, y mucho menos a mi.
Volé lejos de ese dolor, y busqué cobijo en brazos que no me daban salvo calor momentáneo en tiempos de soledad. Se agradecía, pero no era suficiente.
Surqué mares ajenos en busca de esa cura para el sufrimiento que suponía haber fragmentado mi corazón de una manera tan salvaje, de una forma tan.. destructiva.
Y cuando por fin encontré a esa alma capaz de soportar todos los tormentos que la mía acarreaba, me sentí en casa. Porque él se convirtió en todos los pilares que yo necesitaba para mantenerme en pie, y yo me convertí en la luz de ese túnel en el que permaneció tanto tiempo a oscuras.

Y es ahora, con el corazón en una mano y tantas explicaciones en la otra, cuando soy capaz de escribirte, para decirte que en realidad, siempre te quise, por muchos daños que me infligieras.
Que siempre voy a acordarme de ti, por mucho dolor que me supusieras.
Que nunca vas a desaparecer de mi vida, aunque no de la manera que tu quisieras.

Que por muchos rotos que tu marcha y tus palabras me produjeran, yo siempre te querré como a ese alguien que me despertó del letargo, y me enseñó que el amor, si no duele, si no escuece, si no rasga ni hiere.. no es amor. No es nada.


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