Realmente, no lo se.

No se porque sigo pensándote, porque sigo preocupándome, cuando hace mucho que para mi, te convertiste en una causa perdida.
No me pesan tus palabras, ni tus gritos. Me pesa el daño que me haces, que me hiciste, y que se, que a la larga, me seguirás haciendo.
Porque los sentimientos no son un constante On y Off. 
No pueden apagarse, y no tienen fecha de caducidad.
Cuando has querido tanto a una persona, hasta el punto de saber que darías más de una vida por ella, empiezas a preguntarte, que es lo que pudo salir mal.
Porque no fue que te perdiera, o que tu me perdieras.
Fue, que nos perdimos.
Sin rumbo, sin metas.
Ya no éramos nada la una para la otra.
Pero aún así, se que lo somos, aunque sea por dentro, donde nadie lo ve.
En aquél lugar, donde, como bien sabemos ambas, escondemos todo lo que nos aterra que sea descubierto.
En aquél lugar donde enterramos nuestros miedos, y nuestras debilidades.
En aquél lugar donde, por lo menos para mi, estás tu.

[No es que te haya olvidado. Es que ya me estoy acostumbrando a vivir sin ti.]

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