viernes, 6 de enero de 2012

Estoy harta.

No puedo darte lo que pides, y aún así, me odias, como si haciéndolo, consiguieras algo.
¿Crees que es fácil despertarte cada mañana sabiendo que nunca podré darte lo que me pides?
Dices que no quieres amor, pero sin embargo, lo transpiras por cada poro de tu ser y lo ansías de mi como un perro hambriento, aunque digas que no, aunque lo niegues fervientemente.
¿Que más puedo decir?
Me rompes con cada mirada torva, y con cada gesto esquivo.
¿Que fue lo que te hice? ¿No quererte como pedías?
Yo no puedo fingir un sentimiento.
Créeme. Si pudiera, si eso fuera posible, tu serías el elegido. Porque, de todas las personas de este mundo incierto y lleno de pena y daños, tu eres la persona de la que debería estar enamorada. Y sin embargo, mi amor y mis lágrimas se las lleva otro corazón que no se las merece, y que los pisotea sin remordimiento.
¿Aún sigues pensando que soy una egoísta por no regalarte besos? ¿Sigues pensando que soy mala persona por no dedicarte canciones de amor, por no escribirte versos enamorados a cada línea más hechizados?
No me culpes por no saber amarte, porque eso no se aprende.
SE SIENTE.
Y yo no pudo sentirlo por ti.
Te quiero, sin embargo, y eso es algo que no comprendes. Y rechazas, como si fuera malo, un sentimiento igual de puro que el amor, porque no es lo que tu quieres.
[Odias el daño que te hago, cuando el que tu me produces, es mucho mayor].

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