Todo ocurre por una razón.

El destino no existe. Él no está destinado a encontrarse conmigo de nuevo. Su camino se separó del mío esa noche de invierno tan oscura, y ya nunca más volvió a mi. ¿Tan duro resultaría volver a unir aquellas almas que un día fueron gemelas?
Mi amor no se lo merece, y aún así lo tiene. No lo aprovecha, y lo tira a la basura cada vez que tiene oportunidad. No entiende que las noches las paso pensando en él, y en sus manos, esas que me acariciaban la cara tan tiernamente entre aquellas sábanas.
El destino era él. Pero él para mí ya no existe.
No puedo pensarle.
Porque duele demasiado.

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