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Tan sencillo.

Siempre he escrito mejor desde la tristeza. Estar rota me hacía sentir plena. Enfermizo, pero real. Tener que recomponer los pedazos así, desencadenaba la euforia y la dicha. No era completamente yo si no escribía con el corazón en un puño y el alma encogida; era la única forma que conocía de desprenderme del dolor. Qué irónico.  Ya casi no escribo. A veces no recuerdo cómo era el dejar que mis manos tradujesen todo aquello que quemaba mi garganta y me reventaba el pecho. Ya no encuentro inspiración en lo roto porque no lo estoy. Ya no me inspira la tristeza porque no estoy triste. Ya casi no escribo porque le amo. Y puede que algunos penséis que es algo malo el que ya no deje que mis manos traduzcan el dolor. Pero es que ya no duele, porque él existe.  Su amor encendió mi alma y apagó los demonios. Su amor, me hizo renacer. Por eso ya no escribo. Porque soy feliz.

Fear.

Le tengo un miedo terrible y atroz a las alturas. A la sola idea de imaginarme sola, ingrávida y sin aliento cayendo sin descanso hacia un vacío lleno de dudas y oscuridad. Le tengo miedo a la altura de tus besos, porque jamás creo ser suficiente. A la soledad que me produce tu no cercanía, porque siento que ya no pertenezco. Al abismo que se crea entre nosotros cada vez que las pesadillas vuelven. Le tengo miedo a lo que puede ser eterno. A nuestro amor, tan grande. A mis propios sueños. Soy esclava del primer beso, de tus manos acariciando mi boca con anhelo; de tus labios recorriendo cada parte de mi cuerpo. Y no quiero desasirme. No quiero despegarme, ni desprenderme. No quiero volver a caer desde tan alto y no volver a encontrarme.  Necesito que me arropes. Que seas cálido abrigo, casa perenne, refugio seguro para todo lo que llevo dentro. Necesito que sobre todas las cosas, no dejes que me apague; que la llama se convierta en fuego fatuo y se eleve tan alto que ...

Mi hogar.

Es lo único que quiero.  Permanecer bajo su manto protector, bajo todo ese halo de "nadie va a volver a hacerte daño jamás". Nunca más querré irme de su lado, porque todo lo que le concierne es lo que yo siempre he sentido casa. Mi guía. "Mi faro de Alejandría". Mi ancla.  Todo lo que me hace querer seguir existiendo en un mundo en el que muy pocos conocen el verdadero significado de amar y ser correspondido con la misma fuerza; con las mismas ganas. Me envuelve entre sus brazos y renazco.  Me encuentro siendo el ave fénix de mis propias cenizas, únicamente porque él me mira. Es entonces cuando tengo que recordar como se sigue respirando. Es entonces, cuando comprendo que ya jamás concebiré mi vida, mi existencia, si no es él el que me acaricia el alma hasta el último suspiro.  Es entonces, y sólo entonces, cuando vivo. Es ahí. Puedo jurarlo.

Estoy enamorada.

De sus ojos, color tierra mojada, fértil, culpables de que florezcan en mi corazón la ilusión y la esperanza. De su mirada, firme, sin titubeos, pero que tiembla cada vez que me encuentra mirándolo sin casi pestañear, porque, ¿cómo demonios puede estar ahí, queriéndome?  De sus manos, suaves, las que son capaces de acariciarme hasta el alma cada vez que me tocan. Y me sano. Porque su abrazo es la cura a cualquier mal. De su boca, maldito vicio su boca, que me consume cada vez que posa sus labios sobre los míos; que me transporta a lugares que jamás otros podrán conocer porque nadie besa esos labios con la ferviente pasión que yo guardo aquí dentro. De su cuerpo. De toda su maravillosa anatomía que me envuelve y me enloquece, que se funde conmigo hasta casi desaparecer. Hasta casi ser uno. De su fuego. Del que desprende cada vez que me roza, que me lame, que me vibra. De esa llamarada que somos cada vez que nos miramos.  Enamorada de su ego, de su juego, de su risa, de...

Destinados a ser.

A encontrarnos. A volverlo a hacer. A elegirnos. Destinados a mirarnos desde lejos pero tocándonos el alma tan fuerte como las cuerdas que me retenían y no me dejaban posarme en tu regazo. Eres tú. Siempre has sido tú. Aunque me negara en redondo a sentirte, tú siempre estabas. Inspirabas cada canción, cada verso, cada palabra encadenada y atascada en mi garganta en los momentos de renuncia. Aunque mis pies caminaran en la dirección opuesta, mi corazón te persiguió desde el principio. Jugamos al escondite porque la realidad era cruel, y devastada, yo no volví a encontrarte. Hasta ahora. Y es maravilloso. Porque existes. Porque vienes a mi mundo y lo encauzas, me levantas del suelo y me haces sentir que para volar no hacen falta alas. Me devuelves las ganas de seguir viviendo. Porque tú eres mi casa. Y hasta ahora, había estado perdida, deambulando entre tascas y antros de mala muerte creyendo que el amor era llorar hasta quedarme dormida y despertar pensando que todo iría a me...

Notebook.

Siempre fui chica de pocas palabras y muchas, muchísimas letras. Desde que empecé a diferenciar conceptos, expresar mis sentimientos en formato voz se tornaba completamente lejano y difícil; casi doloroso. Puede que el miedo fuese el único culpable de mi poco arrojo a la hora de gritar a pleno pulmón cualquier sensación. Miedo al rechazo, a la mofa, al abandono... Miedo a no sentirme querida; a perderme en el oscuro abismo de la indiferencia. ¿Perdí? Puede. Puede que perdiera la oportunidad de conocer mucho más de lo que conocí. Pero no me arrepiento. Hice del cuaderno mi mayor aliado y a día de hoy, no me falla. Puede que a veces discutamos. La verdad, hay días en los que ni él me soporta. Días en los que siento que, aunque parezca locura, se aleja de mi lenta, pero irrevocablemente.  Otros días, sin embargo, no me da tregua. Me acompaña hasta en las tareas más sencillas como levantarme de la cama o lavarme los dientes. Es mi forma de decirle al mundo que estoy a...

Kamikaze.

Somos un multiverso infinito, tú y yo. Un bucle de no retorno que se niega a frenar, porque, ¿de qué sirve pisar el freno si el corazón se nos acelera al vernos? Es bastante simple. Me ocurriste cuando yo no esperaba que pasara nada. Fuiste ese rayo inesperado que puede que en el fondo sepas que va a caer, pero que no esperas, y menos tan cerca. Eres más una sensación que una presencia, y aún así eres capaz de arrancarme de las garras de la rutina y hacerme volar. ¿Sabes lo complicado que es eso? ¿Lo difícil que es entrar en mi mundo? Y tú simplemente tiraste la puerta abajo y me dedicaste una sonrisa radiante. Una sonrisa que escondía más confianza en mi de la que yo he tenido en mi misma jamás. Y no, no te quiero. No te quiero porque es muy difícil que yo quiera realmente a alguien. Pero estás ahí, cerca del precipicio, sin saber donde te estás metiendo. Un insensato. Un kamikaze.